Navidad en Machu Picchu

enero 14, 2010

Por Juana.

El dia 24 de diciembre madrugamos para coger en tren que nos llevaba de Ollantaytambo a Aguas Calientes, el pueblo a los pies de la ciudad inca maravilla del mundo.

El plan era pasar el dia allí visitando las ruinas, subir a Huayna Picchu, que es la montaña que hay en frente de Machu Picchu desde la cual la vista es de quitar el hipo, y  volvernos por la tarde-noche a Cuzco para tomarnos algo por ahí para celebrar Noche Buena y al día siguiente preparar una gran comida de navidad con “la familia”.

Cuando llevábamos media hora en el tren, yo iba sentada al lado de Ester, en el lado del pasillo e íbamos charlando, contándonos la vida, el tren se para en medio de la vía. Nos enteramos que ha habido un desprendimiento y que tardarían unos 15 minutos en retirar las rocas de la vía. Nosotros penamos “ya serán 45…” efectivamente, como una hora después de esforzados trabajos con excavadora incluida retomamos la marcha. A falta de 30 kilómetros estoy hablando con Ester y dice mirando por la ventana: “hullullullullui…”, me levanto y miro por la ventana, y veo un tren que viene en dirección contraria y no hay otra via, no me da tiempo a agarrarme y salgo volando, aterrizo de espaldas y de culo en el pasillo del tren 3 metros más adelante. Miro a Isa y está chocada con el chico que tiene en fente, el franchu, los dos con las rodillas flexionadas y en el suelo en el hueco que hay entre los asientos que están enfrentados. Estan bien, con un dolor muy fuerte en la rodilla pero bien. Yo me levanto, no me he hecho daño aparentemente y me encuentro bien. Todos los demás, con pequeños golpes también están bien.

Nos hemos chocado de frente con un tren!!! Estamos bien!! Empezamos a mirar por la ventanilla, gente asomada por todo lo largo del tren. El tren que venía de frente era un sólo vagón, sin locomotora. Lentamente empiezan a ir bajando los pasajeros, algunos heridos. Una señora mayor va a la pata coja ayudada por un joven, llora y se mira la pierna, parece que la tiene rota. Un empleado del tren viene corriendo desde en nuestro con una cubitera de hielo y se lo coloca en la pierna. Otra chica oriental también cojea. El resto están asustados, agunos enfadados pero ilesos. Yo empiezo a hacer fotos de todo, me bajo del tren para ver y fotografiar los desperfectos. Me dicen que no me baje pero no hago caso. Nuestro tren tenia una locomotora al frente de hierro con un gran parachoques que no se ha inmutado, el vagón que venia de frente, sin locomotora se ha llevado la mayor parte del golpe. La luna de delantare está rota , también los faros y el sillón del conductor mira hacia el suelo porque el vagón se ha quedado como una v invertida. De todas formas el golpe no ha sido muy fuerte. Vuelvo a nuestro vagón. Estamos contentísimos y alucinados pensando lo que ha pasado. “¡Estamos bien!, ¡No nos ha pasado nada! ¡Hemos sobrevivido juntos a una accidente de tren!” saltamos y nos abrazamos contentos y emocionados, nos hacemos fotos… Cuando se pasa la euforia empezamos a preguntarnos qué va a pasar. Un chico nos dice que salgamos del tren, no sea que se incendie. Nos entra la paranoia y nos vamos al último vagón, el mas alejado del accidente. Intentamos bajarnos y los empleados del tren, desconcertados contestan a nuestras preguntas sin tener ni idea. Están nerviosos, no quieren que bajemos a la vía. A todo esto llega otro tren que también queda parado.

Comienza a llegarnos algo de información. Acabábamos de pasar un cruce, tiene que venir una locomotora que remolque el tren que se ha chocado con el nuestro. Tenemos que retroceder unos metros hasta el cruce para dejar pasar al tren remolcado para que nos deje via libre y seguir en el mismo tren hasta aguas calientes. Queremos que nos aseguren que nuestro tren está intacto que puede llegar y que no se va a incendiar.

Empezamos a hablar con la gente, hay una soldado israelita que no sabe hablar nada de español, nos pide que le contemos

Y hasta aquí llegamos con nuestras historias…

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La Paz, de camino a Puno

enero 10, 2009

Del 14 al 16 de diciembre, por Isabel

Llegamos a la Paz desde Santa Cruz bastante aturdidos después de un viaje de 10 horas pasando frío en un bus casi casi como el Super Pullman. Eran las 8 de la mañana y estábamos deseando darnos un baño caliente.

Al bajar del autobús, me quedo estupefacta con el panorama. La ciudad es la belleza  personificada en el caos urbanístico. Está a una altura de 3650m entre montañas y la vista de la ciudad desde casi cualquier calle, tanto las altas como las bajas es impresionante. Me han dicho que se parece, con sus diferencias, a Caracas, pero no he estado todavía, no podria asegurarlo.

Tras disfrutar de la vista llegamos al hotel que los chicos con los que íbamos han elegido y que está al lado de la plaza principal. Nos dan la habitación y Juana entra a ducharse. Bingo, la ducha está fría no, congelada. Me lo dice; nos miramos. Definitivamente ¡Hay que chindarse de Bolivia! Estábamos ya hartas de duchas frías.

Más tarde salimos a conocer la ciudad y a comer. Tras recorrer todos los restaurantes de la zona para ver cuál es el más barato, acabamos comiéndonos una triste hamburguesa que nos deja con ganas de más. Seguda decisión del día: tenemos que librarnos de estos brasileros que ponen cara de ajo a todo y no tienen presupuesto ni para una comida decente.

En la ciudad, cada rincón tenía una foto de National Geographic, era un paraíso para Juana, nuestra reportera.

Paseando por un mercado veo un puesto con frutas y me vienen a la mente los maravillosos zumos que me tomaba en Brasil cuando era pequeña, así que decido pedir uno. Todos alucinan y me dicen que me va a dar como mínimo una gastroenteritis de caballo. Lo pido igualmente. La chica me prepara con un agua  color marrón un zumo de al menos un litro! Ahí me empieza a entrar el miedo; una cosa es un zumito y otra un litro de zumo con agua chunga. Me lo bebo igualmente. Juana se bebe otro. Por si las moscas nos enfermamos juntas. Me siento como una roca que puede con todo…

Empieza a hacer frío y decidimos hacer la primera compra del viaje en una tiendecilla; unos gorros de Alpaca con orejeras y un jersey de indias. Perfectos para subir a Machu Pichu!

Al día siguiente fuimos a visitar las ruinas de Tiahuanaco. Están como a una hora y media de la Paz más altas todavía que la ciudad. Cuando llegamos nos damos cuenta de que son unas ruinas tan auténticas que hay sólo 4 piedras y encima las tienen mal consevadas. Piedra 1, piedra 2 piedra 3, el guía repite la misma historia en cada una así que a la cuarta nos entran ganas de…chindarnos de nuevo! Es increíble la de veces que utilizamos esa expresión en el tiempo que estuvimos allí.

A la vuelta de las ruinas decidimos que nos vamos a Puno a ver el Lago Titicaca y decimos adiós a Bolivia. El autobús nos deja en un barrio al lado de la Paz llamado “El Alto” que no tenía desperdicio. Allí contratamos un autobús que nos llevará a Copacabana (Lago Titicaca desde el lado Boliviano) y tarda 4 horas. Después de 2 horras de espera, llega por fin el autobús. Nos subimos.  Me ha tocado ventana ¡bien así veo el paisaje! Me siento y Juana me dice que por favor le ayude a subir las mochilas al maletero, una misión casi imposible. Lo miro, me da pereza pero me levanto a ayudarle. En ese momento veo que están subiendo al autobús además de más gente de la que cabe en los asientos, ¡una lavadora! Hay un momento de desliz y la lavadora va a pegarse contra el cristal de mi asiento rompiéndolo en mil pezados que se quedan enganchados formando un círculo. ¡No me lo puedo creer! Bajo del autobús a avisar al conductor que me dice que no pasa nada que ahora le ponen celo. ¿Celo?¿Qué celo? Le digo que ni celo ni leches que quite todos los pedazos de cristal que en una curva me los trago. Lo hace. Prefecto, ¡ya no tengo ventana! Un sitio en el que hace un frío de narices y voy a viajar 4 horas sinventana. No me lo puedo creer.  Finalemnte convenzo al tio que me da una cinta aislante como remedio de mis males. Vuelvo a subir al autobús frustrada y Juana, que tiene la vena MacGyver con lo de colocar las mochilas donde no caben, me construye una ventana que todo el autobús se queda loco! Menos mal que formamos un equipazo. Gracias compañera.

Así pasamos las siguientes 6 horas en un autobús que apestaba, pues esa gente a saber que lleva en esas mantas malolientes…Cuando llegamos a Copacabana era de noche. Buscamos un hostel a cuyo dueño le decimos que como no nos duchemos caliente no le pagamos. El tio se debía estar descojonando por dentro, pero nos dice que sí a todo y nos lo creemos con nuestra fe de mochileros.

Vaya día, menos mal que salimos a cenar a un sitio en el que hacía un caorcito delicioso llamado Ciudad Vieja y en el que nos comimos unas pizzas que nos supieron al mejor caviar.

Al día siguiente, la ducha estaba fría, que novedad tan inesperada, tras pelear un rato conseguimos que se temple el agua. Algo es mejor que nada.

Decidimos hacer una caminata hasta Yampupata de 4 horas que era el punto más cercano a Isla de Sol, nuestro destino final dónde disfrutaríamos del lago. No sin varios incidentes de pérdidas y reencuentros, llegamos a la isla por el lado sur, el que no queríamos. Ascendimos, ya cansados, y buscamos un lugar donde pasar la noche. Elegimos uno de los primeros que tiene una terracita con unas vistas estupendas.

Esa tarde vimos el atardecer más bonito que he visto en mi vida. Una panorámica de montañas con un lago de un colorido plateado precioso en el que veíamos todas los tipos de nubes imaginables. Desde zonas despejadas hasta nubarrones y lluvias, todo en un mismo horizonte. Los colores anarajados se fueron tornando rojizos hasta el voioleta final con el que daban ganas de aplaudir con en un filme cuando llegan los créditos y te ha encantao la pelicula.

 Fuimos a cenar y empezó a llover a mares, que suerte la nuesta. Justo el día que habíamos dejado las mochilas en el pueblo e íbamos con lo puesto acabamos mojándonos toda la ropa que llevábamos. Qué frio por dios, toda la noche intentando calentar la cama con 5 mantas encima, pero ¡de qué estarían hechas!

Nos levantamos un poco atontadas y agarramos el primer barco a Copacabana. Tras un viaje de dos horas de mal olor por las gentes que van llenas de mantas que no deben lavar nunca, cogimos el autobús que nos llevaba a Cuzco previo paso por Puno donde vimos las Islas flotantes.

Una vez en el autobús se nos ocurre mirar el mapa y nos damos cuenta de que a Cuzco no nos viene bien ir si queremos visitar Arequipa. ¡Pero quién nos manda mirar el mapa tan tarde! Cuando llegamos a Puno muy elegantemente le decimos a nuestro guía que ya no queremos ir a Cuzco que nos devuelvan el dinero. Le intentamos hacer una jugada pues 2 de los chicos con los que íbamos todavía no habían pagado el trayecto a Cuzco.

Se dio cuenta ” Los españoles siempre intentan liarme” Lo conseguimos. Tras una hora atormentándole la cabeza con que no podíamos ir a Cuzco que mirase el mapa él si quería, nos cambia el ticket por uno a Arequipa en los mejores asientos y nos rebaja el precio de la excusión a las Islas flotantes. Y es que ¡a convencer con la insistencia no nos gana nadie!

Las islas flotantes desde el lado peruano son un truño para turistas en el que al menos nos echamos unas buenas risas. Después del barquito, prueba superada, nos chindamos a toda leche, como nos gusta.

Siguiente destino Arequipa, el Cañón del Colca.

11 y 12 de diciembre, por Juana

El tren de la muerte nos llevaba desde Quijarro, pueblo boliviano fronterizo con Brasil, hasta Santa Cruz. Con ese nombre daba bastante miedo,  por eso pretendíamos cruzar Bolivia lo más rápido posible. Enseguida descubriríamos que el nombre no tenia nada que ver con la peligrosidad sino más bien con las ganas de suicidarte que te entraban…

Está todo muy relacionado con la calidad Super Pullman (1st class en el mundo alrevés). Voy a tratar de describir, lo más fielmente posible, todo este mundo de ventajas y confort que ofrece.

El modelo de butacas años 60 se reclinaba, teniendo en cuenta que el trayecto duraba 16 horas era lo menos que se puede pedir. A los pocos metros de trayecto pillamos un bache enorme, gran susto, parece que una de las juntas de los raíles no estaba bien encajada, el bache es acompañado por un gran estruendo metálico y el consiguiente sube y baja. Al medio minuto, super-bache super-pullman de nuevo, nuevo susto. A los dos minutos… otra vez. A la media hora ya nos habíamos viendo que era la tónica general ya nos empezábamos a acostumbrar.

Con nosotros venían 2 parejas de brasileños que habíamos conocido en el trayecto a Corumba. Ellos también se acababan de conocer e hicimos grupete. Iban muy contentos con sus vacaciones romanticas que se habían organizado, sin alma de mochileros y con menos sentido del humor descubrían con nosotrasy atónitos  las prestaciones del Super Pullman.

Podemos decir que no faltó ningún pueblo de camino a Santa Cruz en el que no parasemos y como nos quedábamos sentaditas y si Mahoma no va a la montaña la montaña va a Mahoama los phabitantes de cada uno de estos pueblitos entraba en el tren y recorría sus pasillos cargados de todo tipo de artículos y comidas algunos de lo más inverosímiles o desconocidos: frutas exóticas y menos exóticas, refrescos, agua, tortas de maíz, bollos rellenos dulces y salados, hasta platos servidos con filetes de carne o pollo con guarnición o helados en cucurucho.

Y por si no nos percatábamos de su presencia o no sabíamos lo que portaban ellos lo decían a grito pelao con una cantinela estridente que se te metía hasta el fondo del tímpano y te resonaba en el fondo de tu cerebro y se entraba dentro de tus sueños que se tornaban pesadillas. Por no hablar de los olores…

Y así tooooooooda la noche.

Por la mañana nos despertaron con video-clips orteras, años ochenta de carnaval brasileño.

De Bonito a Bolivia

enero 10, 2009

9 y 10 de diciembre, por Juana

Después de nuestra crisis existencial subidas en la “hamaca del bien y del mal” nos dirigíamos a Bonito a hacer snorquel. Con el giro radical que había tomado el rumbo de nuestro viaje y la cabeza llena de pájaros…  a ver peces!! 

Yo, la verdad, pensaba que nada tenia sentido, con las prisas que nos habían entrado por atravesar Bolivia a toda velocidad y llegar a Perú, ahora a ver peces!

Pues a pesar de las reticencias tenemos que reconocer que nos encantó. Fuimos con Jeremy y Taryn, una pareja de Seattle que habíamos conocido en Pantanal y que nos cayeron de maravilla. El snorquel era en el Rio do Prata, nos calzamos nuestros trajes de neopreno, los patuquitos, las gafas y el tubo y nos echamos al agua. La temperatura era muy agradable en el agua porque fuera hacia un calor tremendo. Con el traje se flotaba bastante y la propia corriente del rio te arrastraba en la buena dirección así que prácticamente el único esfuerzo era de timón. Las aguas estaban totalmente cristalinas y la cantidad de peces de todos los tamaños y colores apabullante.

Así que, tras unos primeros minutos de inquietud y de acoplamiento con el tubo y las gafas, las dos horas de descenso del rio fueron una autentica delicia. Unos tramos a pie donde el agua estaba demasiado baja entre árboles selváticos gigantes, otros de rápidos dentro del agua donde teníamos que remar rápido hacia los lados salvado obstáculos de ramas y rocas. Los peces nadaban tan campantes sin inmutarse de nuestra presencia acercándose hasta menos de 4 cm de nuestras gafas y sólo cuando les intentabas tocar avivaban el nado y se escabullían.

En uno de los remansos del rio había unos monos en un árbol que cogían y tiraban frutos, jugueteaban y en el agua al caer el fruto se montaba un revuelo que parecía la cola del bocadillo en el cole, luego nosotros empezamos a devolverles  los frutos a los monos y ellos nos los volvían a tirar, un espectáculo de la naturaleza divertidísimo.

Por la noche Jeremmy y Taryn nos prepararon una rica cena en el hostel de pasta a la que se unió Jeil, que habíamos conocido en Punta del Diablo y que reencontramos. Lo pasamos muy bien y terminamos charlando y tomando cervezas y mojitos en las tumbonas de la piscina. Una paz una felicidad plena sólo alterada de vez en cuando por algún mosquito traicionero y omnipresente.

Al dia siguiente a Corumba frontera brasilera con Bolivia donde nos esperaban un calor infernal. Esa noche estábamos cenando las dos en la terraza del hostel aplatanadíiiiiisimas y sin poder respirar cuando Isa sugiere un baño en la piscina, le pregunto “que tal esta el agua?” “bien, fresca” Y tal como estaba me tiro al agua, cinturón de cuero y papeles en los bolsillos incluidos. Entre risas, ni corta ni perezosa,  me sigue Isa. Risas y carcajadas, en ese momento nada podía parecer mas coherente y continuamos nuestra cena como si nada, mucho mas frescas y contentas!

Esa noche habíamos elegido una habitación compartida, ocho camas, en las que por suerte esa noche no dormía nadie. Al registrarnos nos preguntaron, “ventilador o aire acondicionado”, mira que habíamos pasado calor antes, aunque ésto nos hizo sospechar nos miramos unos segundos y dijimos “ventilador”, como siempre la opción mas económica.

Madre mía en qué hora!!! Qué noche! Yo conseguí dormirme más o menos rápido y en medio de la noche me despierto y veo a Isa dando vueltas por la habitación y haciéndose cruces “qué calor, ¡aquí no hay quien duerma! ¿No te han picado los mosquitos?” Yo sobadísima le digo que no, se cambia de cama y se pone en otra más cerca de la mía para que no le piquen. Y se trae a los mosquitos. En cuestión de 10 minutos estábamos las dos sentadas en la cama, echándonos agua de una botella y buscando mosquitos con los ojos vidriosos e inyectados en sangre. Tras varios intentos fallidos de matarlos persiguiéndolos por toda la habitación, una ducha de Isa pijama incluido, echarnos antimosquitos por todo el cuerpo, pomada en las picaduras y con muchísima resignación volvimos a apagar la luz  nos quedamos dormidas de la extenuación.

Al día siguiente tormentón y empapadas con las mochilas traspasamos la frontera Boliviana. Otro mundo, tercer mundo, qué contraste. Cambiamos los reales a Pesos Bolivianos, compramos los billetes del “tren de la muerte” categoría  Super Pulman, eso sí, y ya estamos en Bolivia, quién nos lo hubiera dicho…

 

Pantanal

enero 9, 2009

Del 4 al 8 de diciembre, por Isabel

Era uno de los lugares que más me apetecía ver en Brasil cuando pensaba en nuestro viaje por suramérica y la verdad es que no me ha defraudado. No tanto quizás por la experiencia del lugar en sí, que hay que decir que era una maravilla, como por la magia que se creo entre el grupo de intrépidos exploradores que allí nos juntamos. Y es que he redescubierto, algo que ya sabía y es que las experiencias así como los lugares, para mí, dependen tanto de la gente como de que ese día salga el sol.

Llegamos a Campo Grande después de 14 horas de autobús y nos encontramos con que el tour a Pantanal salía en media hora. Podíamos esperar y descansar ese día o partir. Por supuesto partimos sin dudar, no hay nada que nos guste más que hacer los planes empalmando unos con otros y “chindarnos” del sitio tan pronto como sea necesario.

Así que nos metimos otras 6 horas de camioneta con su traquetreo habitual , que nos fue amenizada con las maravillosas historias de nuestro amigo David, un valenciano más majo que las pesetas con el que hicimos piña hasta el término de la excursión.

Transcurridas las interminables horas llegamos al lugar dónde nos íbamos a alojar en unas maravillosas hamacas (la opción más económica). Allí conocimos nada más llegar a una inglesa, nuestra querida Emma, diversión asegurada, Jann y Amelie dos amigos franceses super enrollaos también.

Pasamos la tarde jugando al voleibol y charlando, haciendo tiempo para la cena que tanto deseábamos pues casi no habíamos comido ese día. Llegó la estupenda cena, que realmente lo era y tras ella el momento de irse a dormir y tumbarse en aquella hamaca a coseguir cerrar el ojo. Yo me coloqué las mantas por arriba y por abajo con mucho amor (nos habían dicho que por la noche hacía un frío de muerte no es que esté loca) y me eché en el aquel barco que me llevaría a la peor de las pesadillas. Y es que tras unas horas de sueño me desperté con la certeza de que alguién había venido a quitarme mi hamaca…Sudores fríos y un miedo horrible de que aquello fuese verdad. Cuando mi cerebro consiguió darse cuenta de que era imposible decidí bajar al baño para airearme un poco e intentar dormir de nuevo. Toda decidida me consigo levantar de aquel tobogán y salgo de la habitación que estaba como en el segundo piso de una caseta hecha con maderas. Empiezo a bajar las escaleras y cuando estoy llegando al suelo oigo un ruido; miro y veo un bicho del tamaño de un perro grande a 2 metros de mí!!! Me pego un susto de muerte y echo a correr escaleras arriba. Cuando me siento suficientemente a salvo me giro para intentar averiguar de qué animal se trata… No lo consigo. Es entre un cerdo y un perro; ¿será peligroso? Decido que necesito una linterna porque no veo un cagao y descubro que hay unos 6 o 7 por los alrededores de las cabañas. Entro de nuevo en la habitación comunal y mi suerte me lleva a que Juana se despierte. Bien! aprovecho y le cuento mi historia de los bichos malignos por lo que decide acompañarme. Así que bajamos las dos agarradas como en una peli de miedo a ver si conseguimos que se vayan para ir al baño.  Lo logramos, tras unas carreras a toda leche se van. Al día siguiente nos cuentan que se trata del roedor más grande del mundo, el Capibara. Un bicho feísimo que, en resumen, no hace nada.

 Ese día hicimos el primer tour por los alrededores de las cabañas en el cuál conseguimos ver un armadillo precioso, aves y algunos insectos.

Por la tarde se nos unieron al grupo dos franceses de la Bretaña que ,como los que estábamos allí, se hicieron fanáticos del juego de cartas “La sota Cabrona”.

Hicimos excursiones diferentes; una fue en barca por el rio lleno de caimanes donde, como debe ser costumbre el estos países, porque no es la primera vez que me pasa, hay que bajarse y empujar la barca en medio del trayecto con los caimanes a los extremos; toda una experiencia para los europeítos que vamos de turisteo. Otra, fuimos en Jeep a ver el amanecer, que fue precioso, y  también a pescar pirañas. Yo pesqué una!  Y nada, al final en el tour de montar a caballo, que fué el tercer día ya eramos un grupo de unos 15 personas de todos lados ( Sur África, Inglaterra, Francia, Alemania, España..)así que practicamos inglés que no veas; era mejor que cuando nos mandaban a los campamentos de verano en Southampton!

Todo eran actividades matutinas y por las noches, las españolas, que valemos para todo, amenizábamos la velada sacando nuestras cartas y poniendo a todo pipi a jugar al asesino! Hay que decir que tenían un vicio tremendo!!!

El último día me dio mucha pena la despedida; que triste es el momento de los emails, teléfonos, promesas, abrazos… Encima nosotras queríamos ir a Bonito y resulta que no había buses ese día  así que nos quedamos una noche más en aquellas cabañas.

Ese día que parecía tonto y sin sentido cambió el rumbo de nuestro viaje y problablemente de nuestra experiencia en Latino América.

 Y es que hay que ver lo que se es capáz de maquinar en una hamaca con 12 horas por delante sin nada que hacer y con un calor que había que bañarse vestido para retardar el secado!

Tras mirar el mapa del derecho y del revés calcular los días y las ciudades a visitar decidimos que, en lugar de ir a Rio de  Janeiro, que era nuestro siguiente objetivo después de Bonito, íbamos a cruzar a Bolivia y a dirigirnos a Peru! Así porque sí, cambiábamos la playita por montañas de 5000 metros!

Las mochileras se van a Bolivia! Toma ya!

Iguazú

enero 9, 2009

Del 1 al 3 de diciembre, por Juana

Como una imágen vale más que mil palabras…

Sólo contaremos que nos alojamos en un Hostel Internacional, llegamos el 1 por la mañana desde Canela (Cortilandia en Brasil) y nos pasamos todo el dia de relax en la piscina con Miguel una catalan muy majo. Charlando, bebiendo cervezas, comiendo y riendonos mucho… Los dos dias siguiente vimos las Maravillosas Cataratas de Iguazú desde los 2 lados, primero Argentina y luego Brasil. Nos impresiono más el lado Argentino en el que cogimos una lancha que te lleva a verlas desde cerca y literalmente te ducha. Aunque el lado brasilero tampoco desmerece, desde alli se ven mas cerca, es admirable la fuerza y el estruendo con la que cae el agua!

Bueno, lo dicho, que una imagen…

 

 

Una ducha fria

El lado BrasileroIguazú

27 de noviembre, por Juana

 A las 8 de la maniana nos deja el omnibus en la estacion de Porto Alegre, nos cargamos las mochilas y nos dirigimos a hostal que habiamos reservado desde Punta del Diablo. Podíamos ir a andando desde la estacion. En el hostal comienzan los problemas de comunicacion, nos dicen que no hay reserva, les ensenio el mail, nos dicen que no vale, que es una respuesta automatica y que nos lo tenia que haber mandado el chico de recepcion. Aun asi hay habitaciones. Elegimos la más económica 45 R$ (Reales). Nos dice que si queremos subir a verla: 2 camas, una banqueta, una papelera y un ventilador.  Banio compartido, ducha con un solo grifo (sospechoso) un retrete y un lavabo que pierde agua, nos lavamos las manos y encharcamos el suelo. Nos encanta. Muy acorde con nuestras posibilidades… nos echamos unas risas y nos la quedamos.

Le preguntamos si podemos pagar con tarjeta. No. No tenemos un real asi que le decimos que tenemos que ir a sacar y que ahora volvemos, dejamos las super mochilas y nos vamos a conocer el barrio. Edificios grises y destartalados, en frente del hostal cruzaban 2 carreteras por alto, debajo de los puentes gente durmiendo entre cartones. Las 9 de la maniana y ya hacia como 30 grados. Queriamos comprar crema de sol pero no teniamos dinero. Intentamos pagar con tarjeta y despues de pasarnosla por el lector como 10 veces nos dice que no la acepta. A sacar dinero. Vamos a varios cajeros y ninguno nos da, todo esto con la tarjeta de debito que llevabamos usando todo el viaje sin problema alguno hasta el momento. Volvemos al hotel a por tarjeta de credito. Segundo intento. 4 bancos diferentes, un cajero en un centro comercial, despues de probar varias veces y de formar una cola inmensa de gente esperando, parece que nos va a dar dinero, bien! Nos dice que nos va a cobrar no sé cuánta comisión y nos pone el cambio de moneda que nos va a hacer, hecemos el calculo mental… agotado tiempo de espera de operación. Operação cancelada. No!! Repetimos operaçao, no nos da dinero. Comienza la desesperación.

Intentamos ir a comer, porque ya nos estaba dando un chungo, y pagar con la tarjeta. Elegimos menú entre un monton de cosas que no sabiamos qué significaban y le pedimos a la camarera que nos pruebe antes la tarjeta para saber si vamos a poder pagar, la pasa una vez, nada, le pega un celo, nada, se lo quita, nosotras mirandonos con cara de “esta tia qué conio hace, que nos va a joder la banda magnetica”, nada. Desoladas sin comer salimos del bar. Solazo mortal y sin crema.

Volvemos al hotel y cogemos mi tarjeta del BBVA para emergencias, con la que me crujen cada vez que la utilizo. Vamos al Banco de Brasil central y conseguimos que nos de dinero, bien!! Ya no somos pobres!!!

Comemos en la plaza principal, sentadas en una terraza con mesas y sillas de cocacola en la que sólo dan Pepsi, unas hamburguesas con dos panes de abajo y una pepsi que nos saben a gloria. Puff! Ya estamos en Brasil!

Por la tarde nos compramos un diccionario del viajero espanol-portuges, nos tomamos un cafe, Isa se eecha una siesta de 2 minutos encima de la mesa en la que me dice que ha soniado, mientra yo estudio portugues. Otra vez en la calle, intentamos comprar una tarjeta sim para el celular, le preguntamos a la de la agencia de informacion turistica cual compania nos conviene más. La tia, que no hablaba ni espaniol ni inglés, despues de sacar como dos cuadernos con listas de cosas, meterse en internet y volverse loca, no nos dice ninguna compania, le hacemos una lista en un papel de companias y le decimos, cual mas gente? Por fin nos entiende!! Brasil Telecom. Vamos a Brasil Telecom y resulta que tenemos que tener algun documento brasilenio para comprar una tarjeta de telefono, increible, vamos a mas companias, una no funciona con nuestro telefono, la otra tampoco nos la vende sin carnet. Nos damos por vencidas.

Decidimos que Porto Alegre no nos gusta y que nos vamos al dia siguiente. Compramos los billetes para Canela en la estación, una tarjeta de cabina y llamamos para reservar el hostal en Canela. La primera vez llamo yo, diccionario en mano. No consigo reservar. Cuelgo y entiendo que no esta la que lleva las reservas que llame en 15 minutos. Nos sentamos en un banco sin saber si me ha dicho eso o me lo he inventado. Le toca llamar a Isa, yo le espero sentada en el banco porque sino nos entra la risa. Le coge el telefono un argentino y consigue reservar, bien!!!

A la salida de la estación cruzamos la carretera por un paso elevado, buena vista! Nos decidimos a sacar la cámara? Miramos a derecha e izquierda, esperamos a que se fuera una mujer sin dientes que nos acababa de pedir dinero y le habiamos dicho que lo siento que no, y nos decidimos. Venga, sí. Hacemos un par de fotos y pasa un hombre y nos dice: “guardad la cámara que os la van a robar”. Ups! Mal rollo, guardamos la cámara y nos vamos al hostal que empezaba a anochecer.

Para compensar el día decidimos irnos al barrio pijo de Porto Alegre a cenar. Ibamos a ir en omnibus pero después de preguntar donde estaba la parada y que nos dijeran que tuviéramos cuidado que no era un barrio tranquilo para pasear decidimos coger un taxi.

La cena estuvo genial, nos relajamos con la happy hour de cerveza y hasta pudimos pagar con tarjeta!

Taxi y a dormir.

Siguiente destino: Canela y Gramado.